Eduardo Márceles Daconte

Su temática actual gira en torno a la comunicación que se establece entre dos o más personas en términos que pueden sugerir un intercambio respetuoso de sentimientos, ideas, convicciones o argumentos como se observa en su serie titulada Diálogos...

Eduardo Márceles Daconte

"Escritor, curador de arte e investigador cultural, es autor de, entre otros, ¡Azúcar!: La biografía de Celia Cruz, y los libros de aproximación histórica: Los recursos de la imaginación: Artes visuales del Caribe colombiano y Los recursos de la imaginación: Artes visuales de la región andina de Colombia

La pintura de Aníbal Olier se inscribe en el contexto de una actitud que se puede denominar humanista. Es una corriente antropocentrista donde el ser humano es la medida de todas las cosas, y en ella la familia, pensada como la unión de dos personas y sus descendientes, es la célula básica del tejido social. Es también un discurso visual que aboga por restaurar la dignidad y los valores humanos a punto de zozobrar en esta época de inequidad económica la cual genera todo tipo de conflictos políticos y sociales que atentan contra la integridad individual. De ahí el enfasis que el artista ha puesto en el ser humano como protagonista de su producción artística desde su primera exposición individualen 1965.

Su temática actual gira en torno a la comunicación que se establece entre dos o más personas en términos que pueden sugerir un intercambio respetuoso de sentimientos, ideas, convicciones o argumentos como se observa en su serie titulada Diálogos. Es también un rechazo a la intolerancia que ha permeado nuestro sociedad contemporánea donde los derechos humanos, incluyendo el derecho a la vida misma, han perdido su vigencia y obligado respeto, atentando contra el núcleo familiar que, una vez disuelto por factores externos a su voluntad, tiende a debilitar la sociedad en su conjunto. Tal circunstancia propicia el caos, la violencia y la inestabilidad que, a su vez, contribuyen a la descomposición social que ha perturbado a nuestro país a través de su historia republicana.

En la obra de Olier predomina la figura humana Individual o en grupos como símbolos anónimos cuya principal intención es resaltar la necesidad de unirnos alrededor del amor y la amistad como una manera de alcanzar la paz y blindarnos contra la indiferencia y la brutalidad de los tiempos que corren. Para lograr su objetivo, recurre a un dibujo de enfáticos contornos y una pintura de vigoroso cromatismo con pinceladas sueltas y vigorosas que imprimen vitalidad a sus composiciones.

Esa fusión de rojos encendidos con azules, amarillos, verdes y toda una gama de luminosos matices, son pasión y amor por la vida. Si quisiéramos encontrar los antecedentes de su trabajo artístico, tendríamos que remontarnos a la enigmática sutileza de Paul Klee, en especial por su colorido festivo y el andamiaje geométrico en la construcción de sus propuestas plásticas, así como de algunos de nuestros celebrados maestros del siglo XX, incluyendo a Pierre Daguet, Pedro Nel Gómez o Eladio Gil.

Por su carácter expresivo y lúdico, es fácil identificar su esencia de artista caribeño que, en sus pinturas, recuerdan la atmósfera cálida de Cartagena, su ciudad natal, donde el mar, el sol, la brisa y el carácter espontáneo de sus gentes, se manifiestan en esas emotivas representaciones visuales que remiten a un estado de ánimo relajado, en armonía con la sociedad y la naturaleza. Sus protagonistas suelen ubicarse en el contexto de una arquitectura geométrica de umbrales, ventanas, portales o claraboyas que construyen el área con rectángulos, circulos, óvalos, trapecios o triángulos que, en ocasiones, sugieren una perspectiva interior donde residen o se desplazan sus personajes. No obstante, si quitáramos las figuras humanas de sus pinturas, nos encontraríamos con un entramado abstracto que combina el rutilante cromatismo de los espacios con las líneas que trazan los componentes geométricos de sus argumentos visuales.

Esta combinación de elementos sustenta una dinámica estética que alude a sus preferencias temáticas en las cuales hay casi siempre una acción o movimiento, como se evidencia en los títulos de sus diversas series, llamense turistas, amantes, vendedores, abrazos o diálogos. En un rápido recorrido por su trayectoria, descubrimos que Aníbal Olier ha incursionado en casi todos los temas de la pintura clásica, desde los humildes bodegones con frutas, los retratos, el desnudo femenino, los juegos infantiles o la maternidad, así como personajes populares, vendedoras de frutas o pescado, conocidas en la cotidianidad cartagenera, así como los personajes heroicos que luchan por su supervivencia en condiciones muchas veces adversas.