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El asombro toma asiento para contemplar cómo el proceso conceptivo del mural se desarrolla entre la armonía de los volúmenes, la gracia de los colores, y el curso definitivo del dibujo. Aún en ciernes, se asiste a un espectáculo de creación que anuncia una obra cuya excelencia se anuncia placenteramente. Es la osatura de la obra en la cual se van encarnando la temática que la identifica. La expectativa avanza crecientemente y esto propicia la multiplicación de conclusiones en el espectador, sin perjuicio de los cambios que naturalmente se produzcan cuando su autor, Aníbal Olier la firme definitivamente.

Jaime Gómez O'byrne